miércoles, 15 de mayo de 2013

Envejecer es obligatorio... Crecer es opcional



                Transcribo el siguiente relato enviado a mi correo por un estudiante:
                El primer día de clase nuestro profesor desafió a los alumnos a que nos presentásemos a alguien que no conociésemos todavía. Me quedé de pie para mirar alrededor cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré atrás y vi a una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser. Dijo:
                -  "Eh, buen mozo. Mi nombre es Rosa. Tengo 87 años de edad. ¿Puedo darte un abrazo?"
                Me reí y respondì: - "¡Claro que puede!" Y ella me dió un  gigantesco apretón.
                 - "¿Por qué está usted en la Facultad en tan tierna e inocente edad?", pregunté.
                Respondió juguetona: - "Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener una casa, hijos y entonces jubilarme y viajar".
                - "Está bromeando", le dije. Yo estaba curioso por saber qué la había motivado a entrar en este desafío con su edad, y ella respondió:
                - "Siempre soñé con tener estudios universitarios, ¡y ahora estoy teniendo uno!
                Después de clase caminamos hasta el edificio de la Unión de Estudiantes, y dividimos un "milkshake" de chocolate. Nos hicimos amigos instantáneamente. Todos los días en los siguientes tres meses teníamos clase juntos y hablábamos sin parar. Yo quedaba siempre extasiado oyendo aquella "máquina del tiempo", compartir su experiencia y sabiduría conmigo.
                En el curso de un año, Rosa se volvió un ícono en el campus universitario y hacía amigos fácilmente dondequiera que iba. Adoraba vestirse bien y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes. Estaba disfrutando la vida. Al fin del semestre invitamos a Rosa a hablar en nuestro banquete de futbol. Fue presentada y se aproximó al podium. Cuando comenzó a leer su charla preparada, dejó caer tres de las cinco hojas al suelo. Frustrada, tomó el micrófono y dijo simplemente: "Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa! Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden, así que déjenme hablar a ustedes sobre aquello que sé. 
                 Mientras reíamos, ella despejó su garganta y comenzó: - "No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar". Existen pocos secretos para que continuemos jóvenes, felices y obteniendo éxito: Necesitamos reír y encontrar humor en cada día. Necesitamos tener un sueño, pues cuando se pierde, uno muere. ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera sospechan! Hay una enorme diferencia entre envejecer y crecer [...] Cualquiera consigue quedar más viejo. Eso no exige talento ni habilidad. La idea es crecer a través de la vida y encontrar siempre oportunidad en la novedad. Los viejos generalmente no se arrepienten por aquello que hicieron, sino por aquellas cosas que dejaron de hacer. Las únicas personas que temen a la muerte son las que tienen remordimientos."
                Rosa terminó el último año de la Facultad. Una semana después de recibirse, murió tranquilamente durante el sueño. Más de dos mil alumnos fuimos a su funeral en tributo a la maravillosa mujer que enseñó, a través del ejemplo, que nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede probablemente ser.
            Imagen del sitio En defensa de los ancianos en Facebook.

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